La familia Vedruna y sus doscientos años de próspera relación con Bilbao El Colegio El Carmen de Indautxu culmina este próximo día 22 el programa de actividades en reconocimiento al compromiso educativo, social y comunitario de su fundadora Vista de la plaza Indautxu con la iglesia del Carmen J. Fernández NO es tarea sencilla sobrevivir al paso del tiempo en una ciudad como Bilbao, siempre en constante evolu ción. Su historia más reciente ha es tado ligada, en gran medida, a dece nas de apellidos ilustres, con pre sencia y reconocimiento públicos. Pero, durante estos dos últimos si glos, también ha habido otros nom bres propios que han contribuido, en silencio pero sin descanso, al des arrollo social y cultural de la Villa. Es el caso de la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Cari dad Vedruna que celebra este 2026 su bicentenario, recordando su fun dación en 1826 por Joaquina de Ve druna, canonizada en 1959 por su entrega a la labor comunitaria y educativa. Esta mujer, madre de nueve hijos, impulsó una obra orientada, principalmente, a la edu cación y atención de niñas y jóve nes, especialmente aquellas en si tuación de vulnerabilidad. La presencia de la congregación en Bilbao se remonta al siglo XIX, aunque no fue ‘un amor a primera vista’. En 1858, el párroco de San Antonio Abad, Mariano J. de Ibar gurengoitia, solicitó la llegada de las hermanas para fundar un centro educativo, pero su petición fue re chazada en varias ocasiones debido a la falta de personal. No obstante, su insistencia dio frutos y, en 1878, se aprobaron finalmente dos funda ciones: una en Zumaia y otra en Deusto, entonces municipio inde pendiente de Bilbao. Aquella primera comunidad de Deusto pudo ver la luz gracias a la colaboración de otra mujer, Vicenta Gorocica, quien cedió una casa y re cursos económicos para poder sos tener la iniciativa. Así, en febrero de 1878, cinco religiosas se instalaron en el lugar y abrieron las puertas de aquel caserón –hoy desaparecido para la actividad educativa con cla ses gratuitas, especialmente dirigi das a niñas de familias humildes. La escuela tuvo una rápida acogida, ampliando su matrícula en poco tiempo e incorporando también una escuela dominical, con ‘asignatu ras’ más prácticas, para chicas jóve nes y mujeres adultas. Uno de los desarrollos más impor tantes de la congregación Vedruna en Bilbao fue la creación del Cole gio Nuestra Señora del Carmen, en Indautxu. Sus orígenes se remontan a 1933, cuando se abrió como Aca demia de Señoritas en un chalet co nocido como Torreverde, en la calle Manuel Allende.
El día 1 de octubre de 1933, se alquiló a las Hermanas Carmelitas para abrir una Academia de Señoritas, bajo la advocación de Ntra. Sra. del Carmen, destinado a Segunda Enseñanza, en respuesta a la solicitud de Hermanas que hizo el Licenciado Sr. Cuadrado.
El Sr. Cuadrado compartía con las Hermanas la enseñanza de algunas asignaturas. Las circunstancias políticas – en 1931 se había proclamado la II República – determinaron que las Hermanas no vistieran hábito. Formaban la comunidad cinco Hermanas, Teresa Sanz de San Antonio, Mª Asunción Campo de San Luis, Zoila Ganzarain del Sagrado Corazón de Jesús, Concepción Gómez de la Ascensión y Lucrecia Isasi del Santo Ángel.
Inicialmente, la Academia se había abierto por vía de prueba, pero no tardó en quedar instalada definitivamente, de modo que se procedió a llevar a cabo las formalidades necesarias, aunque ya contaba con la aprobación del Prelado. Cuatro meses después fue nombrada Superiora la Madre Teresa Sanz.
Las primeras alumnas procedían del Colegio de Santa Teresa de Barraincúa, pero pronto se les añadieron otras muchas niñas de los alrededores. De forma anecdótica y sin poder precisar la fecha de las primeras admisiones, también se estableció un pequeño parvulario de niños que, posteriormente solían pasar al Colegio de Jesuitas, ya que ellos iniciaban la enseñanza en el nivel de Preparatorio, a los 7 años de edad aproximadamente. Tampoco podemos precisar el año de su término.
El 27 de septiembre de 1935 las Hermanas se trasladaron de Torreverde a los chalets formados por dos viviendas simétricas, Villa María y Villa María Dolores, propiedad de los señores de Allende.
La elección de ese nombre hay que buscarla en el con texto político de la Segunda Repú blica, que limitaba la visibilidad de instituciones religiosas. El centro comenzó con cinco religiosas y un reducido número de alumnas, mu chas procedentes del Colegio Santa Teresa de Barraincua. En 1935, el colegio se trasladó a las villas María y María Dolores, ubicadas en el actual emplazamien to en Indautxu. Dos años más tarde, en 1937, obtuvo la autorización ofi cial como colegio, consolidando su actividad educativa. Desde enton ces, el centro experimentó un creci miento continuo, lo que llevó a su cesivas ampliaciones y reformas, especialmente en las décadas de 1950 y 1960, cuando se construyó el edificio actual tras el derribo de las antiguas villas. A lo largo de su historia, el cole gio ha sabido adaptarse a los distin tos vaivenes y sistemas educativos que se han sucedido durante estas últimas décadas, incorporando pro gresivamente niveles como Prees colar, EGB, BUP y, posteriormente, El colegio fue traslasado a un chalet llamado Torreverde Las religiosas impartiendo clase en la llamada “Academia de Señoritas” “ El colegio “siempre ha pretendido y pretende una educación integral en valores cristianos”, de acuerdo con el ideal de santa Joaquina de Vedruna Educación Infantil, Primaria, Se cundaria y Bachillerato. En los años noventa, se produjeron impor tantes cambios, como la introduc ción de la educación mixta, la in corporación del euskera y el refuer zo del aprendizaje de idiomas ex tranjeros. El colegio “siempre ha pretendi do y pretende una educación inte gral en valores cristianos, de acuer do con el ideal de santa Joaquina de Vedruna, fundadora de las Herma nas Carmelitas de la Caridad Vedru na, y goza de un merecido prestigio en su faceta formativa, cultural y re ligiosa”. A pesar de la disminución del número de religiosas –debido a su edad avanzada–, la labor educati va continúa gracias a la implicación de profesorado laico que mantiene el ideario de la congregación para formar personas críticas, solidarias y comprometidas con la sociedad, coinciden en señalar Inmaculada Lorda, directora del Colegio El Car men de Indautxu, y Ana Unzurrun zaga, una de estas docentes, estre chamente vinculada con la familia Vedruna. Hoy en día, la única presencia en la Villa de las hermanas está en Deusto, una de las cuales sigue tra bajando en el colegio. No obstante, un repaso entre líneas de la historia reciente de Bilbao brinda la oportu nidad de conocer y reconocer el pa pel fundamental desempeñado por la congregación Vedruna en la Villa en la educación, pero también en la “ La labor de la familia Vedruna se ha traducido en una cercanía real a las necesidades del entorno atención social y en la promoción de valores humanos. Y fieles siempre al espíritu y ca risma de aquella mujer que, contra viento y marea, dejó mensajes tan humildes y valiosos a la vez como “La alegría es la principal virtud” o “Quisiera abrazar todas las necesi dades de los pueblos”, recuerdan Lorda y Unzurrunzaga. En Bilbao, como en otros puntos del planeta, la labor de la familia Vedruna se ha traducido en una cercanía real a las necesidades del entorno. Más allá de su tarea estrictamente educativa, han acompañado a las familias y han ayudado a fortalecer el tejido comunitario. De hecho, la presencia de la con gregación en la Villa (también deja ron huella en Portugalete, Bermeo y Gernika, donde siguen presentes) no se ha circunscrito a estos puntos del callejero bilbaino. Otra infraestruc tura destacada en este itinerario vital fue el Colegio Santa Teresa de Ba rraincua, fundado en 1898 en una zona estratégica de un Ensanche en pleno crecimiento urbano. Este cen tro permaneció activo hasta 1992. Cuatro años después corría la mis ma suerte la guardería que, desde 1973, operaba en Santutxu bajo la dirección de un grupo de religiosas. En definitiva, una semilla silen ciosa pero fecunda, que sigue dando fruto en forma de comunidad, com promiso y esperanza compartida en este Botxo del siglo XXI. Este cur so, que se aproxima a su conclusión, 610 familias y 820 alumnos han po dido profundizar en un estilo educa tivo que, además de promover esa atención personalizada, busca fo mentar el desarrollo de la responsa bilidad, la creatividad, el pensa miento crítico y, en definitiva, la madurez humana y cristiana de esas chicas y chicos. Este próximo 22 de mayo, la familia Vedruna cerrará es te nuevo capítulo de su historia vin culada a Bilbao después de todo un curso de actividades. Lo harán con la tradicional fiesta y con una nueva edición de sus conciertos solidarios, esta vez a cargo de Bilbotxeros
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