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Martín Alberto de Palacio y Elissague Bizkaia zubia
El “padre” del puente Vizcaya (conocido popularmente como puente colgante), Martín Alberto de Palacio y Elissague, falleció en Las Arenas-Areeta (Getxo, Bizkaia) el 11 de mayo de 1939; nació el 24 de enero de 1856 en Sara (Lapurdi).
Arquitecto e ingeniero vasco, principal representante de la nueva cultura del hierro en España. Nacido en Sara (Lapurdi) el 24 de enero de 1856 y muerto en Las Arenas en 1939.
Se gradúa en arquitectura en Barcelona en 1882 y posteriormente realiza una estancia de estudios en París, donde se pone de manifiesto la amplitud de su temperamento de investigador e interés por una gran diversidad de disciplinas: ingeniería, matemáticas, astronomía, medicina... Se acerca como ayudante, a los grandes cirujanos franceses del siglo XIX, ampliando sus estudios españoles en las ramas de Físicas y Exactas.
Su polifacetismo no se corresponde a ninguna acumulación de títulos (sólo tuvo el de arquitectura), sino al de un creador e innovador nato frente a una época de avances técnicos y científicos prodigiosa y claramente proyectada hacia el futuro. De regreso a España, desde 1883 a 1884, realiza su primera obra en colaboración con Ricardo Velázquez: el Palacio de Cristal del Retiro madrileño. Por estas fechas resolverá para E. Adaro y para Saiz de La Lastra, la difícil cimentación del Banco de España, acabado en 1891.
En 1885 empezaría el estudio de su obra cumbre: el Puente Transbordador de Vizcaya. El proyecto quedó listo dos años más tarde y fue registrado en el Ministerio de Fomento el 1 de enero de 1888. En 1890 y coincidiendo con el inicio de las obras del puente, proyecta en uno de los montes que bordean Bilbao, un monumento al Sagrado Corazón. En 1891 realiza el proyecto del Monumento a Colón, primer premio y medalla de oro del Concurso Internacional de Chicago. Un año más tarde, termina la estación del Mediodía (Atocha) en Madrid. En 1893 patenta su puente móvil, finalizando las obras del Transbordador. Este mismo año, propondrá dos nuevos puentes para la ría de Bilbao, tipológicamente opuestos entre sí. Vende su patente de puente móvil al constructor francés Fernando Arnodin. En 1894 dibuja el proyecto de un monumento neogótico, representación del Árbol de Gernika, dedicado a los Fueros Vascos. Entre otros muchos, son suyos los proyectos de los puentes de Isabel II (Bilbao) y del Desierto (Erandio). Así como el de un ferrocarril aéreo eléctrico para unir San Sebastián a la isla de Santa Clara. AL filo del siglo XX, emite un importante informe técnico sobre el hundimiento del Pilar del Zaragoza. En 1906 presenta una propuesta al concurso para la Catedral de Vitoria. Dos años más tarde realiza la obra de la Clínica del doctor Esquerdo, en Carabanchel. En 1919 la fábrica Osram en Santa María de la Cabeza.
Durante la primera Guerra Mundial construye diversas fortificaciones en las sierras colindantes a Gibraltar (posteriormente demolidas por las protestas británicas). La Guerra Civil española le sorprende en Madrid. Detenido por su intervención en la construcción durante la Dictadura de un grupo de casas militares para el Ministerio de la Guerra, estuvo preso en la Cárcel Modelo, refugiándose posteriormente en la Embajada de México y pasando a Francia en 1937.
Son obras suyas el sanatorio del doctor Tapia en Madrid, unos bloques de casas cimentadas en el mar, en Brasil; varios edificios de viviendas y hoteles particulares en Deusto, Las Arenas, Bilbao y Madrid. Proyectó también varios tranvías aéreos para la minería, un puente submarino., otro giratorio; un diseño del nuevo santuario del Urkiola, otro para el de Begoña (que obtuvo el segundo premio del concurso).
De su fecundo genio creativo son testimonio estudios y proyectos para el saneamiento de Bilbao, la perforación de pozos artesianos para la villa, el primer sistema de tranvía aéreo minero con vuelco automático de las vagonetas, la explotación de la energía de los saltos de agua españoles, proyectos de navegación aérea, propulsión eléctrica, motores a reacción de aire comprimido y unos ingenios de lucha antisubmarina, cedido al almirantazgo británico. Experimentó sobre el aprovechamiento de la energía solar y eólica, así como los flujos de mareas. Su Puente Transbordador entre Las Arenas y Portugalete, sin duda una de sus obras más célebres, y de cuyo sistema es el primer diseñador mundial, ve copiado su principio en los transbordadores de Rouen, Rochefort, Nantes, Marsella y Burdeos. Al parecer, tradujo al vasco labortano fragmentos del capítulo XLII del Quijote en 1873 (publicado por López Fabre en 1882). Autor también de Higienización de Bilbao, publicado en la capital vizcaína en 1893.
Nació en el seno de una familia acomodada. Su padre, Antonio Palacio y Montemayor, era un indiano, natural de Gordejuela (Vizcaya), que había hecho fortuna en México, donde contrajo matrimonio con la francesa Stephanie Elissagüe Lahetjuran. A su vuelta a Europa el matrimonio se instaló, primero, en la localidad vasco-francesa de Sare, donde nació Paz Martín Alberto Palacio Elissagüe, y, más tarde, en Vizcaya.
En su obra convergen las tendencias y contradicciones más definitorias de la arquitectura española entre finales del siglo xix y principios del xx; es decir, la renovación tecnológica basada en el empleo de las modernas estructuras metálicas, que Palacio manejó como el más creativo y audaz de los ingenieros, y la pervivencia de los estilos históricos a través del eclecticismo, donde se mostró como un arquitecto un tanto convencional. Fue un personaje polifacético y de amplias inquietudes intelectuales, que a lo largo de su vida se interesó por campos tan diversos como la astronomía, las ciencias exactas, la medicina, la investigación científica —se formó con el premio Nóbel Santiago Ramón y Cajal—, la innovación tecnológica —patentó varios inventos—, la ingeniería y la arquitectura, aunque sólo se graduó oficialmente en esta última disciplina. Los estudios los cursó en la Escuela de Barcelona, pero el título lo obtuvo en Madrid el 28 de febrero de 1883. Ese mismo año, tras realizar un breve viaje a Francia —donde trabajó como ayudante de cirugía y amplió sus estudios de ciencias físico-matemáticas—, comenzó a ejercer la arquitectura con encargos de relevancia, participando de manera destacada en las estructuras y cimentaciones del palacio de la Exposición de Minería de 1883 (hoy Palacio de Velázquez), realizado por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, y el edificio del Banco de España (1884-1891) de Eduardo de Adaro y Severiano Sainz de la Lastra.
En años posteriores, concretamente entre 1885 y 1893, llevó a cabo sus realizaciones más sobresalientes, por las que en la actualidad es una figura muy valorada: el puente de Vizcaya (1885-1893) sobre la ría del Nervión entre Portugalete y Las Arenas —su obra cumbre—, el Palacio de Cristal (1886-1887) en el madrileño parque del Retiro —nuevamente en colaboración con Velázquez Bosco— y la antigua estación de Atocha o del Mediodía (1888-1892) de Madrid. El puente bilbaíno, el primero colgante con transbordador del mundo, es una moderna estructura metálica completamente desornamentada (de 160 metros de longitud por 45 de altura), que comunica las dos orillas de la ría sin interrumpir la navegación gracias a un original sistema de ferrocarril suspendido, cuya patente fue adquirida en 1894 por el ingeniero francés Ferdinand Arnodin —el constructor elegido por Palacio para la realización de las obras—, que supo explotarla con enorme éxito en su país. En el pabellón-estufa de la Exposición Filipina de 1887 o Palacio de Cristal, que es sin duda una de las construcciones ferro-vítreas más hermosas y elegantes de la arquitectura finisecular, la intervención de Palacio fue decisiva en el diseño y la ejecución de la estructura metálica. Por último, también fue responsable del proyecto definitivo de la estación de Atocha, donde empleó el modelo tradicional de las estaciones decimonónicas, aunque modernizando la apariencia ecléctica de las fachadas y desarrollando plenamente las posibilidades de las construcciones metálicas en la cubierta, realizada, según el sistema De Dion, con la ayuda del ingeniero francés Henry Saint James. Esta impresionante estructura de acero laminado salva, sin apoyos centrales ni tirantes, una distancia de casi 50 metros, lo que en su momento la convirtió en una de las más grandes de Europa.
En el resto de su producción cabe resaltar una serie de proyectos no realizados y algunas obras construidas, todos ellos eclécticos y de calidad desigual. Entre los primeros destacan el monumento a Colón (1891) para la Exposición Universal Colombina de Chicago de 1892 —colosal esfera en forma de globo terráqueo de 300 metros de diámetro por la que obtuvo un Primer Premio y una Medalla de Oro—, el puente monumental en Bilbao (1893) —extraña combinación entre puente y galería comercial—, el monumento a los Fueros Vascongados (1894) —curiosa torre metálica con alusiones al árbol de Guernica—, la Catedral de Vitoria (1906) —de inspiración neogótica—, el monumento a Alfonso XIII —de aspecto neobarroco— y el monumento al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles (1920) —con alusiones a la columnata de San Pedro y elementos neorrománicos—. En cuanto a las realizaciones, han de mencionarse la casa del arquitecto en la calle Miguel Ángel —de estilo historicista—, la antigua fábrica Osram en Madrid (1914-1916) —notable ejemplo de arquitectura industrial ejecutado en colaboración con el arquitecto Francisco Borrás— y la colonia militar del paseo de Extremadura (1918-1922) —interesante experiencia urbanística acogida a la ley de Casas Baratas.
Paralelamente, Palacio se distinguió como un arquitecto comprometido en el ámbito corporativoprofesional. Fue un miembro muy activo de la Sociedad Central de Arquitectos, cuya reforma promovió en 1899; poco después, en 1904, defendió la constitución de una Cámara de la Arquitectura y participó en el Congreso Internacional de Arquitectos celebrado en Madrid, en el que apoyó apasionadamente el empleo de los nuevos materiales constructivos, e incluso llegó a ser miembro correspondiente del Real Instituto de Arquitectos Británicos. En su dilatada trayectoria recibió galardones y nombramientos destacados, entre los que sobresale el de comendador de número de la Real Orden de Isabel la Católica. La Guerra Civil le sorprendió con ochenta años en Madrid (concretamente en su estudio del entonces pueblo de Villaverde), y allí fue encarcelado por sus vinculaciones con los regímenes anteriores. Tras lograr refugiarse en la embajada mexicana, pudo huir a Francia en 1937, desde donde regresó a Bilbao en 1939 para fallecer en su casa de Las Arenas, en el municipio de Getxo, muy cerca de la obra que le dio fama y prestigio. Sus restos reposan en el cementerio de Portugalete.
2026(e)ko maiatzaren 10(a), igandea
Centenario del Dr. Areilza
EL próximo día 14 del mes de junio se cumplirán cien años desde que falleciera el más notable de los médicos bilbainos: Enrique de Areilza y Arregui, quien no ha sido olvidado en Bilbao, tal como podemos ver en el listado de publicaciones adjunto.
Nació en Abando, antes de su anexión a Bilbao, en el nº 15 de la calle San Francisco. Era hijo de Julián
Areilza Hurtado de Saracho, albéitar, y de Ramona Arregui Olavarrieta. Quedó huérfano de padre a los doce años.
Cursó los estudios de bachiller en
el Instituto Vizcaíno de Bilbao y los
de licenciatura en la Facultad de
Medicina de Valladolid, en solo
cuatro años, entre 1876 y 1879,
aprovechando los cursos abreviados
instaurados al finalizar la última
Guerra Carlista. Obtuvo un
magnífico expediente y premio extraordinario
de licenciatura. Fue
alumno interno por oposición en la
cátedra de Patología Quirúrgica de
Nicolás de la Fuente Arrimadas,
quien dirigió su tesis doctoral Valor
de la cura llamada de Lister en las
heridas contusas; defendida en
Madrid también con premio extraordinario.
Siguiendo a Lister implantó
severas normas de antisepsia
en los quirófanos de los Hospitales
Mineros y de Basurto.
Areilza el médico
Marchó a París, donde completó
su formación entre 1879 y 1880. A
su regreso, tras una breve etapa en
la que abrió consulta en Bilbao,
obtuvo por concurso la plaza de
médico director de los hospitales
mineros, que iban a ser construidos
bajo su mandato por un consorcio
de empresarios de la minería en
Triano, Matamoros y Galdames.
Desarrolló allí una labor extraordinaria,
no solo en el terreno de la
medicina y la cirugía, sino en los
campos de la higiene pública, la rehabilitación
de las víctimas de
traumatismos y la docencia, pues
creó una escuela de donde salieron
notables médicos, enfermeros y ortopedas.
Procuraba viajar cada año
a hospitales extranjeros para estar
al tanto de los últimos avances de
la medicina y consiguió dotar a sus
hospitales de los más modernos
medios de asistencia.
Adquirió una fama extraordinaria
y, tras casi una veintena de años
de dedicación total a los Hospitales
Mineros, abrió una consulta en
Bilbao, en el mismo nº 5 de la calle
Gardoqui en la que tenía la suya
Francisco Ledo. Lideró el grupo de
médicos que fundó la primera policlínica
médico-quirúrgica de Bilbao
en el año 1895, en el número
11 de la calle Hernani. Era una fundación
para la asistencia gratuita a
la población sin recursos, que no
pudiera acceder a la Beneficencia,
en la que colaboraron Francisco
Ulacia y Domingo Arrese, pero tuvo
un corto recorrido y tuvo que
cerrar en 1896. Abrió después la
Clínica San José, luego llamada
Sanatorio Bilbaíno, en la que bus-
có de nuevo la colaboración de
Francisco Ulacia, y la de los médicos
José Mª Diego Somonte, Ignacio
Alegria Leonet y Antonio Uriarte,
con quienes había trabajado en
Triano.
Unos años antes, en 1884, había
presentado su solicitud a la plaza de
Cirujano Mayor del Hospital Civil
de Bilbao, en Atxuri. El Ayuntamiento
de Bilbao encargó a la Real
Academia Nacional de Medicina,
la selección de una terna entre los
quince aspirantes y, esta, solamente
incluyó a tres cirujanos formados
en Madrid. La Real Academia de
Valladolid, mejor conocedora de
los hospitales de Bizkaia, quizás
hubiera seleccionado a Areilza para
encabezar la terna.
En 1918 fue nombrado director
del Hospital de Basurto, cargo en el
que siguió hasta su fallecimiento.
En solo ocho años logró transformarlo
por completo, incluyendo:
• Conformación de servicios básicos:
Radiología-Radioterapia, laboratorios
de Análisis Clínicos y de
Anatomía Patológica.
• Especialización: servicios de
Urología, Traumatología, O.R.L. y
Tocoginecología. También una sección
de Neuropsiquiatría.
• Docencia. Creó un internado
para estudiantes y médicos, un embrión
de facultad de Medicina en el
que se formaron dos centenares de
médicos.
• Promovió el desarrollo de trabajos
de investigación científica.
Aunque no intervino como médico
asistencial, fue el gran impulsor
de la lucha antituberculosa en Bizkaia
y del Sanatorio Marino de
Gorliz, actuando de consuno con
30 B i lbao mayo de 2026 SERVICIOS DE SANIDAD
su regreso, tras una breve etapa en
la que abrió consulta en Bilbao,
obtuvo por concurso la plaza de
médico director de los hospitales
mineros, que iban a ser construidos
bajo su mandato por un consorcio
de empresarios de la minería en
Triano, Matamoros y Galdames.
Desarrolló allí una labor extraordinaria,
no solo en el terreno de la
medicina y la cirugía, sino en los
campos de la higiene pública, la rehabilitación
de las víctimas de
traumatismos y la docencia, pues
creó una escuela de donde salieron
notables médicos, enfermeros y ortopedas.
Procuraba viajar cada año
a hospitales extranjeros para estar
al tanto de los últimos avances de
la medicina y consiguió dotar a sus
hospitales de los más modernos
medios de asistencia.
Adquirió una fama extraordinaria
y, tras casi una veintena de años
de dedicación total a los Hospitales
Mineros, abrió una consulta en
Bilbao, en el mismo nº 5 de la calle
Gardoqui en la que tenía la suya
Francisco Ledo. Lideró el grupo de
médicos que fundó la primera policlínica
médico-quirúrgica de Bilbao
en el año 1895, en el número
11 de la calle Hernani. Era una fundación
para la asistencia gratuita a
la población sin recursos, que no
pudiera acceder a la Beneficencia,
en la que colaboraron Francisco
Ulacia y Domingo Arrese, pero tuvo
un corto recorrido y tuvo que
cerrar en 1896. Abrió después la
Clínica San José, luego llamada
Sanatorio Bilbaíno, en la que bus-
Juan Gondra
EL próximo día 14 del mes de junio
se cumplirán cien años desde que
falleciera el más notable de los médicos
bilbainos: Enrique de Areilza
y Arregui, quien no ha sido olvidado
en Bilbao, tal como podemos
ver en el listado de publicaciones
adjunto.
Nació en Abando, antes de su
anexión a Bilbao, en el nº 15 de la
calle San Francisco. Era hijo de Julián
Areilza Hurtado de Saracho,
albéitar, y de Ramona Arregui Olavarrieta.
Quedó huérfano de padre
a los doce años.
Cursó los estudios de bachiller en
el Instituto Vizcaíno de Bilbao y los
de licenciatura en la Facultad de
Medicina de Valladolid, en solo
cuatro años, entre 1876 y 1879,
aprovechando los cursos abreviados
instaurados al finalizar la última
Guerra Carlista. Obtuvo un
magnífico expediente y premio extraordinario
de licenciatura. Fue
alumno interno por oposición en la
cátedra de Patología Quirúrgica de
Nicolás de la Fuente Arrimadas,
quien dirigió su tesis doctoral Valor
de la cura llamada de Lister en las
heridas contusas; defendida en
Madrid también con premio extraordinario.
Siguiendo a Lister implantó
severas normas de antisepsia
en los quirófanos de los Hospitales
Mineros y de Basurto.
Areilza el médico
Marchó a París, donde completó
su formación entre 1879 y 1880. A
Felipe Llano, médico y diputado.
Fue presidente de la Academia de
Ciencias Médicas de Bilbao (1898-
1899) y primer presidente del Colegio
de Médicos de Bizkaia, creado
en 1917. Su gran popularidad entre
los médicos jóvenes de Bizkaia y
su habilidad para rodearse de un
equipo que cubría todo el Señorío,
lograron vencer las resistencias a la
colegiación. Un año después, apenas
quedó un pequeño puñado de
galenos sin afiliarse.
Su figura se agiganta al sumar a
su labor de médico otras facetas de
su biografía, que tendremos oportunidad
de traer a esta página el próximo
mes de junio.
el Colegio del Carmelitas de Indauchu
La familia Vedruna y sus doscientos años de próspera relación con Bilbao El Colegio El Carmen de Indautxu culmina este próximo día 22 el programa de actividades en reconocimiento al compromiso educativo, social y comunitario de su fundadora Vista de la plaza Indautxu con la iglesia del Carmen J. Fernández NO es tarea sencilla sobrevivir al paso del tiempo en una ciudad como Bilbao, siempre en constante evolu ción. Su historia más reciente ha es tado ligada, en gran medida, a dece nas de apellidos ilustres, con pre sencia y reconocimiento públicos. Pero, durante estos dos últimos si glos, también ha habido otros nom bres propios que han contribuido, en silencio pero sin descanso, al des arrollo social y cultural de la Villa. Es el caso de la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Cari dad Vedruna que celebra este 2026 su bicentenario, recordando su fun dación en 1826 por Joaquina de Ve druna, canonizada en 1959 por su entrega a la labor comunitaria y educativa. Esta mujer, madre de nueve hijos, impulsó una obra orientada, principalmente, a la edu cación y atención de niñas y jóve nes, especialmente aquellas en si tuación de vulnerabilidad. La presencia de la congregación en Bilbao se remonta al siglo XIX, aunque no fue ‘un amor a primera vista’. En 1858, el párroco de San Antonio Abad, Mariano J. de Ibar gurengoitia, solicitó la llegada de las hermanas para fundar un centro educativo, pero su petición fue re chazada en varias ocasiones debido a la falta de personal. No obstante, su insistencia dio frutos y, en 1878, se aprobaron finalmente dos funda ciones: una en Zumaia y otra en Deusto, entonces municipio inde pendiente de Bilbao. Aquella primera comunidad de Deusto pudo ver la luz gracias a la colaboración de otra mujer, Vicenta Gorocica, quien cedió una casa y re cursos económicos para poder sos tener la iniciativa. Así, en febrero de 1878, cinco religiosas se instalaron en el lugar y abrieron las puertas de aquel caserón –hoy desaparecido para la actividad educativa con cla ses gratuitas, especialmente dirigi das a niñas de familias humildes. La escuela tuvo una rápida acogida, ampliando su matrícula en poco tiempo e incorporando también una escuela dominical, con ‘asignatu ras’ más prácticas, para chicas jóve nes y mujeres adultas. Uno de los desarrollos más impor tantes de la congregación Vedruna en Bilbao fue la creación del Cole gio Nuestra Señora del Carmen, en Indautxu. Sus orígenes se remontan a 1933, cuando se abrió como Aca demia de Señoritas en un chalet co nocido como Torreverde, en la calle Manuel Allende.
El día 1 de octubre de 1933, se alquiló a las Hermanas Carmelitas para abrir una Academia de Señoritas, bajo la advocación de Ntra. Sra. del Carmen, destinado a Segunda Enseñanza, en respuesta a la solicitud de Hermanas que hizo el Licenciado Sr. Cuadrado.
El Sr. Cuadrado compartía con las Hermanas la enseñanza de algunas asignaturas. Las circunstancias políticas – en 1931 se había proclamado la II República – determinaron que las Hermanas no vistieran hábito. Formaban la comunidad cinco Hermanas, Teresa Sanz de San Antonio, Mª Asunción Campo de San Luis, Zoila Ganzarain del Sagrado Corazón de Jesús, Concepción Gómez de la Ascensión y Lucrecia Isasi del Santo Ángel.
Inicialmente, la Academia se había abierto por vía de prueba, pero no tardó en quedar instalada definitivamente, de modo que se procedió a llevar a cabo las formalidades necesarias, aunque ya contaba con la aprobación del Prelado. Cuatro meses después fue nombrada Superiora la Madre Teresa Sanz.
Las primeras alumnas procedían del Colegio de Santa Teresa de Barraincúa, pero pronto se les añadieron otras muchas niñas de los alrededores. De forma anecdótica y sin poder precisar la fecha de las primeras admisiones, también se estableció un pequeño parvulario de niños que, posteriormente solían pasar al Colegio de Jesuitas, ya que ellos iniciaban la enseñanza en el nivel de Preparatorio, a los 7 años de edad aproximadamente. Tampoco podemos precisar el año de su término.
El 27 de septiembre de 1935 las Hermanas se trasladaron de Torreverde a los chalets formados por dos viviendas simétricas, Villa María y Villa María Dolores, propiedad de los señores de Allende.
La elección de ese nombre hay que buscarla en el con texto político de la Segunda Repú blica, que limitaba la visibilidad de instituciones religiosas. El centro comenzó con cinco religiosas y un reducido número de alumnas, mu chas procedentes del Colegio Santa Teresa de Barraincua. En 1935, el colegio se trasladó a las villas María y María Dolores, ubicadas en el actual emplazamien to en Indautxu. Dos años más tarde, en 1937, obtuvo la autorización ofi cial como colegio, consolidando su actividad educativa. Desde enton ces, el centro experimentó un creci miento continuo, lo que llevó a su cesivas ampliaciones y reformas, especialmente en las décadas de 1950 y 1960, cuando se construyó el edificio actual tras el derribo de las antiguas villas. A lo largo de su historia, el cole gio ha sabido adaptarse a los distin tos vaivenes y sistemas educativos que se han sucedido durante estas últimas décadas, incorporando pro gresivamente niveles como Prees colar, EGB, BUP y, posteriormente, El colegio fue traslasado a un chalet llamado Torreverde Las religiosas impartiendo clase en la llamada “Academia de Señoritas” “ El colegio “siempre ha pretendido y pretende una educación integral en valores cristianos”, de acuerdo con el ideal de santa Joaquina de Vedruna Educación Infantil, Primaria, Se cundaria y Bachillerato. En los años noventa, se produjeron impor tantes cambios, como la introduc ción de la educación mixta, la in corporación del euskera y el refuer zo del aprendizaje de idiomas ex tranjeros. El colegio “siempre ha pretendi do y pretende una educación inte gral en valores cristianos, de acuer do con el ideal de santa Joaquina de Vedruna, fundadora de las Herma nas Carmelitas de la Caridad Vedru na, y goza de un merecido prestigio en su faceta formativa, cultural y re ligiosa”. A pesar de la disminución del número de religiosas –debido a su edad avanzada–, la labor educati va continúa gracias a la implicación de profesorado laico que mantiene el ideario de la congregación para formar personas críticas, solidarias y comprometidas con la sociedad, coinciden en señalar Inmaculada Lorda, directora del Colegio El Car men de Indautxu, y Ana Unzurrun zaga, una de estas docentes, estre chamente vinculada con la familia Vedruna. Hoy en día, la única presencia en la Villa de las hermanas está en Deusto, una de las cuales sigue tra bajando en el colegio. No obstante, un repaso entre líneas de la historia reciente de Bilbao brinda la oportu nidad de conocer y reconocer el pa pel fundamental desempeñado por la congregación Vedruna en la Villa en la educación, pero también en la “ La labor de la familia Vedruna se ha traducido en una cercanía real a las necesidades del entorno atención social y en la promoción de valores humanos. Y fieles siempre al espíritu y ca risma de aquella mujer que, contra viento y marea, dejó mensajes tan humildes y valiosos a la vez como “La alegría es la principal virtud” o “Quisiera abrazar todas las necesi dades de los pueblos”, recuerdan Lorda y Unzurrunzaga. En Bilbao, como en otros puntos del planeta, la labor de la familia Vedruna se ha traducido en una cercanía real a las necesidades del entorno. Más allá de su tarea estrictamente educativa, han acompañado a las familias y han ayudado a fortalecer el tejido comunitario. De hecho, la presencia de la con gregación en la Villa (también deja ron huella en Portugalete, Bermeo y Gernika, donde siguen presentes) no se ha circunscrito a estos puntos del callejero bilbaino. Otra infraestruc tura destacada en este itinerario vital fue el Colegio Santa Teresa de Ba rraincua, fundado en 1898 en una zona estratégica de un Ensanche en pleno crecimiento urbano. Este cen tro permaneció activo hasta 1992. Cuatro años después corría la mis ma suerte la guardería que, desde 1973, operaba en Santutxu bajo la dirección de un grupo de religiosas. En definitiva, una semilla silen ciosa pero fecunda, que sigue dando fruto en forma de comunidad, com promiso y esperanza compartida en este Botxo del siglo XXI. Este cur so, que se aproxima a su conclusión, 610 familias y 820 alumnos han po dido profundizar en un estilo educa tivo que, además de promover esa atención personalizada, busca fo mentar el desarrollo de la responsa bilidad, la creatividad, el pensa miento crítico y, en definitiva, la madurez humana y cristiana de esas chicas y chicos. Este próximo 22 de mayo, la familia Vedruna cerrará es te nuevo capítulo de su historia vin culada a Bilbao después de todo un curso de actividades. Lo harán con la tradicional fiesta y con una nueva edición de sus conciertos solidarios, esta vez a cargo de Bilbotxeros
2026(e)ko maiatzaren 8(a), ostirala
Ana Mauricia de Austria 1602 de Juan Pantoja de la Cruz Detalles
En este retrato la primogénita de Felipe III y Margarita de Austria tiene pocos meses de edad y porta una gran cantidad de amuletos y talismanes. Debido a la alta tasa de mortalidad infantil de la época era costumbre, tanto en las clases aristocráticas como en las más humildes, proteger a las criaturas de hechizos para que pudieran crecer sanas y salvas.
2026(e)ko maiatzaren 7(a), osteguna
Abando.
Diana y Calisto Jean Baptiste Marie Pierre, eta Lagrenéeren alegoriak
Obra datada entre 1745-49, epoca rococo
Diana/Artemisa descubrió su estado durante un baño con sus compañeras ninfas.[Cuando fue interrogada, la ingenua Calisto respondió que no sabía nada al respecto y que solo Artemisa se había acercado a ella. Enfurecida por la respuesta, la diosa la desterró de su cortejo.[]
Según las diversas variantes del relato, Calisto fue transformada en osa por la esposa de Zeus, Hera,[Artemisa[o el propio Zeus,[y murió asaeteada durante una cacería. Zeus le concedió la inmortalidad, transformándola en la constelación de la Osa Mayor, para salvar a su hijo Arcas, que fue criado por la pléyade Maya.
Obra de finales del XVIII, representa el amor entre mujeres.
En la alta clase Europea se pusieron de moda los temas mitológicos, y se utilizaba como excusa para representar desnudos, sobre todo f