En este retrato la primogénita de Felipe III y Margarita de Austria tiene pocos meses de edad y porta una gran cantidad de amuletos y talismanes. Debido a la alta tasa de mortalidad infantil de la época era costumbre, tanto en las clases aristocráticas como en las más humildes, proteger a las criaturas de hechizos para que pudieran crecer sanas y salvas.
Se les defendía contra el mal de aire (efluvios de personas, animales, objetos o lugares malignos) o el mal de luna (influjo negativo de la luz lunar), pero sobre todo contra el mal de ojo o "aojamiento" (miradas de envidia y odio). El mejor ejemplo, este retrato.
La pequeña viste de blanco, propio de los lactantes, y tiene sobre su pecho una enorme cruz latina de oro y diamantes de la que pende otra de menor tamaño que garantizan el amor y la protección de Dios
. A ambos lados de la cruz lleva medallones con reliquias de Santa Ana, su santa patrona (a la izquierda del cuadro) y de la Santa Espina (a la derecha).
La niña sujeta en su mano derecha una rama de coral, el mismo material de uno de los dijes que lleva en su cinturón
. El coral purificaba la sangre y protegía contra enfermedades, vómitos, alunamiento, torbellinos y rayos. De la cinta blanca que faja su cintura penden diferentes amuletos.
De izquierda a derecha vemos el dije de coral, un losange de jaspe verde para la prosperidad, una enorme higa de azabache contra el mal de ojo, una poma (esfera de olor) de especias y plantas aromáticas contra infecciones y malos espíritus
, una campanilla para ahuyentar a las brujas y, por último, un diente engarzado de jabalí para la buena suerte y proteger la dentición
.
De algo le sirvió tanta protección mágica pues la bebé creció sana, se convirtió en reina consorte de Francia al casarse con Luis XIII y fue madre del famoso Luis XIV de Francia, el "Rey Sol". Además pasó al imaginario popular como la Reina Ana de Francia cuyo honor defendieron Los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas...
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