Bentara noa, bentatik nator, bentan da nere gogoa, bentako arrosa krabelinetan hartu dut amodioa.

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2026(e)ko urtarrilaren 31(a), larunbata

Atxuri


“El espíritu de Bizkaia”, un recorrido por iglesias, ermitas, romerías y paisajes habitados donde la religión organiza la vida social, económica y simbólica de finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.


 la diversidad de la espiritualidad en Bizkaia en un tiempo marcado por las transformaciones derivadas de la Segunda Revolución Industrial. Le siguen las reinterpretaciones de las Sagradas Escrituras con obras que van desde el academicismo oficial hasta las propuestas más modernas. Asimismo, la muestra refleja el carácter festivo y comercial de la religiosidad popular y cómo iglesias y ermitas trascendieron su función de culto para convertirse en espacios de reunión. También el modo en que las prácticas plenairistas de la época tomaron estos edificios religiosos como motivo pictórico, integrándolos en el paisaje artístico. Las nuevas iconografías de la mujer como expresión de tradición e identidad están presentes en esta exposición que se cierra con el auge de la arquitectura religiosa como manifestación tanto estética como espiritual. 
El profundo arraigo religioso de los pueblos vizcaínos trascendió, desde mediados del siglo XIX, la dimensión espiritual para convertirse en eje de la vida social. El próspero y moderno ambiente artístico de Bilbao favoreció la aparición de una destacada colonia creativa que, desde el costumbrismo, centrado en documentar la vida cotidiana y las tradiciones locales, o desde corrientes vanguardistas y cosmopolitas, reflejó la centralidad de la Iglesia en la religiosidad, el ocio, la educación, las festividades y el comercio. En diversas técnicas y soportes, los artistas captaron con fidelidad la intensa espiritualidad presente en el paisaje y en las escenas de los mundos rural, marítimo y obrero de Bizkaia.
Durante la Segunda Revolución Industrial (1870-1914), la sociedad vizcaína experimentó una profunda transformación en la que la fe desempeñó un papel central, no solo en el plano espiritual, sino también en el político, educativo y cultural. Las instituciones religiosas reforzaron su presencia pública y mantuvieron la cohesión social mediante parroquias, cofradías y órdenes que preservaban las tradiciones colectivas. En Bizkaia, los ámbitos rural, urbano, marítimo y obrero estaban impregnados de una religiosidad que organizaba la vida cotidiana. Este contexto se reflejó en el arte, tanto en la configuración de escenas costumbristas de temática religiosa como en la difusión de una espiritualidad genuina del territorio. De este modo, la práctica artística se alineaba con el interés europeo por la singularidad de los pueblos y sus tradiciones como garantes del orden moral frente a los cambios sociales e ideológicos.
Al igual que sucedía en el panorama internacional, a finales del siglo XIX el arte de Bizkaia reflejó la dualidad estética entre el academicismo y la modernidad emergente. El primero permanecía fiel a temas históricos, literarios y religiosos, sustentado en la corrección formal y en la herencia artística romana, mientras que la segunda buscaba representar la realidad contemporánea siguiendo modelos de vanguardia procedentes de París. Las imágenes de Cristo, del santoral o de la Virgen se vincularon principalmente a encargos religiosos o devocionales, como las esculturas de Garamendi, o mantuvieron la tradición académica de la pintura de historia, ejemplificada en la célebre La llegada al Calvario de Echenagusia. En contraste, jóvenes artistas como Francisco Durrio, Quintín de Torre, Ricardo Arrue o Nemesio Mogrobejo reinterpretaron la iconografía religiosa con materiales innovadores y una sensibilidad moderna, al punto de renovar su lenguaje.
La sociedad vizcaína del siglo XIX y principios del XX concebía la devoción y el ocio como un todo inseparable. Las romerías a ermitas, las festividades en honor a los santos patronos y los bailes o aurreskus junto a los templos mostraban una religiosidad vivida colectivamente y expresada en música, alegría y convivencia. Estos actos lúdicos reunían a vecinos de distintas localidades, fortaleciendo los lazos comunitarios y el sentido de pertenencia. La iglesia se convertía, así, en escenario principal de la vida popular, donde fe y costumbre coexistían en armonía. La montaña, como enclave idealizado, evocaba una espiritualidad profunda, y los edificios religiosos se convertían en centro moral y social frente al bullicio de la ciudad y las fábricas.
Paralelamente a su labor espiritual, el templo y su entorno se erigieron en espacios dinamizadores de la sociabilidad y el comercio. En las plazas y pórticos de las iglesias se organizaban mercados, ferias y encuentros que atraían a gentes de toda la comarca, en un ambiente de intercambio material y humano. Tras la misa o las procesiones, los fieles se reunían para comprar, vender o simplemente disfrutar de la compañía vecinal en conversaciones relajadas. De este modo, la iglesia trascendía su función devocional para convertirse en el corazón de la vida pública, un lugar donde se articulaban las relaciones económicas, sociales y culturales del pueblo. Esta unión entre la fe, la convivencia y el comercio consolidó su papel como eje fundamental de la sociedad vizcaína durante el cambio de siglo.
Desde mediados del siglo XIX, numerosos artistas vascos se sintieron atraídos por la pintura plenairista, impulsados por el deseo de captar la luz natural y la inmediatez del paisaje. El País Vasco se convirtió en un enclave destacado para esta práctica, influida por el impresionismo parisino. Figuras como Adolfo Guiard, Darío de Regoyos, Anselmo Guinea, Manuel Losada o Juan José Rochelt, junto con el hacer como acuarelista de Juan de Barroeta, lideraron esta renovación pictórica. En este contexto, el paisaje religioso ocupó un lugar destacado: templos, ermitas y ruinas se integraban en la naturaleza como símbolos de espiritualidad y permanencia. Esta misma idea inspiró también a fotógrafos como Alphonse Guiard, Eulalia Abaitua o Felipe Manterola, que exploraron a través de los objetivos de sus cámaras la atmósfera mística del paisaje sagrado vasco.
En el marco de las profundas transformaciones sociales e ideológicas que se produjeron a finales del siglo XIX, en la pintura vizcaína surgieron dos poderosas líneas de iconografía femenina: la nueva Eva y la Virgen María laica. La primera transformó la figura de Eva en representaciones que oscilaban entre la inocencia de la neska del caserío –Eva arratiana de Aurelio Arteta– y la modernidad de la mujer urbana e independiente, consciente de su rol social y de su capacidad de influencia cultural. A su vez, la Virgen adoptó un carácter profano y a la vez simbólico, como imagen de maternidad y pureza que encarnaba la espiritualidad y los valores del pueblo vasco. Así, Arteta, con su María (Mirentxu), y otros artistas como Joaquín Lucarini, Isidoro Guinea o Jenaro Urrutia fusionaron en sus obras tradición religiosa, identidad y sensibilidad estética.
En el siglo XIX, Bizkaia vivió un notable impulso arquitectónico marcado por la espiritualidad y la renovación. La prosperidad económica permitió que destacados arquitectos restauraran edificios emblemáticos, como la iglesia de Santiago y Nuestra Señora de Begoña, en Bilbao. Al mismo tiempo, el significativo crecimiento demográfico promovió la construcción de templos de nueva planta, modernos y funcionales, en numerosos municipios vizcaínos. Algunos ejemplos destacados en la capital son las iglesias del Sagrado Corazón de Jesús y de San Francisco de Asís. Este auge reflejó una comunidad que, pese al avance industrial, seguía teniendo en la iglesia su espacio de referencia. En paralelo, la arquitectura funeraria, con obras como el panteón Echevarrieta de Francisco Durrio, integró magistralmente fe, arte y modernidad en el ámbito privado.





 




















2026(e)ko urtarrilaren 14(a), asteazkena

Galdames-Illeta auzoa-Aldapegaina-San Kosme eta San Damian baseliza-Galdames

 Illetara bide alboko zuhaiztarrak


26ko lehen San Jose lora Galdamesko Illeta auzora bidean
Illeta auzoa

San Kosme eta San Damian baseliza

Aldapegaina. Aurrez aurre Gasterantz eta Kurutze mendiak


Zipar, eta, atzean Lunada aldea





Artaun-Artaun BI 82 i.l.

Egun ederra bistara!

Aratunera jo dugu. Bertatik abiatzeko.

Herrian bertan Bi 82 i.l. hartu dugu. Egun osorako. Hauxe lehen bidegurutzea

Hauxe bigarrena Zepalekun

Eguzkiaren argitasuna

Bidea eta bideseinalea

Bi83 i.l.arekin bat egin dugu

Mugarrikolandan

Guk Leunganera

Leunganegainetik Legarmendi

Leunganegaina. Buzoi berria

Hamaiketakoa Leunganepean

Elorri bihurria

Patata ereinda

Eguneko bazkaltokia










 

2026(e)ko urtarrilaren 1(a), osteguna

 1900eko irailaren 8an, Begoñako landa Bizkaiko bihotz bihurtu zen. Begoñako Andra Mariaren basilikaren aurrean, hiriak Bilbo Hiribilduaren sorreraren seigarren mendeurrena ospatzen zuen bere zaindariaren koroatzearekin.

Egun hura oroimenean finkatzeko, Chavarri familiak José Echenagusia pintore gipuzkoarrari tenplurako mihise handi bat enkargatu zion, eta hauxe da enkargu haren bertsio laburtua.
Echenagusíak ekitaldiaren argazkietan oinarritu behar izan zuen eszena hau eraikitzeko. Testigantza ia dokumentalaren eta solemnitate piktorikoaren arteko nahasketa horrek oroimena baino zerbait gehiago bihurtzen du koroatzea: mende aldaketan fedea, hiria eta modernitatea elkartzen diren irudia.